Del coñac al brandy, y del brandy a…

Desde hace unos años los productores de bebidas alcohólicas han ido rebajando paulatinamente la graduación de las bebidas alcohólicas. Una de las razones, y quizás la más importante, es rebajar lo máximo posible la carga impositiva de los impuestos sobre el alcohol.

En el caso del brandy español, hace décadas comercializado generalmente con el nombre de coñac, también se ha ido rebajando la graduación de tal modo que ya se ha bajado hasta 33º.

En este artículo se exponen las razones y se muestran algunos casos ya encontrados en el mercado.

Y es que como le dijo Don Quijote a Sancho: cosas veredes, Sancho, que non crederes.

Cuando el 15 de mayo de 1936, mediante un decreto, el gobierno francés definió la denominación de origen Cognac, lo hizo forzado en parte por la necesidad de defender la identidad de su producto, frente a los “aguardientes envejecidos” que se producían en Jerez, y que resultaban ser unos atosigantes competidores.

En esta crisis en la que vivimos, y en la que parece que según todos los gurús seguiremos viviendo algunos años más, la legitima búsqueda de la mejora constante y la mayor eficiencia, se están produciendo con base en demoler las ideas enraizadas tras muchos años de esfuerzo y promoción por parte de empresas y el Consejo Regulador del Brandy de Jerez.

A principios del año 2009, Osborne y González Byass decidieron rebajar la graduación alcohólica en sus marcas de mayor volumen de ventas (Veterano y Soberano respectivamente) pasando de 36 a 33 grados. Esta rebaja les impide etiquetarse como brandy de Jerez (el reglamento de la D.O. Brandy de Jerez exige una graduación mínima de 36 grados) y pasaron a ser simples bebidas espirituosas (como un mero licor de mora o de manzana).

Paradójicamente, dos de las marcas de brandy más populares, en el amplio sentido de la palabra, que llevan toda la vida en las estanterías de nuestras tabernas y tiendas, y que desde el siglo XIX han catapultado a este producto a sus máximas cotas de reconocimiento nacional e internacional, han abandonado el emblema que ellos mismos forjaron. Y justificaron su decisión por “la necesidad de adaptarse a las nuevas tendencias de consumo y la búsqueda de nuevos mercados”.

Aunque la realidad que hay detrás es otra muy distinta, las expectativas económicas son malas, la demanda global de brandy está en pleno e intenso retroceso, por lo que una menor graduación supone una bajada de la carga impositiva (se paga en función de cada grado) en Veterano y Soberano de unos 0,30 euros por botella de 75 cl.

La tragedia de la demanda global del brandy no es lo que ha venido ocurriendo hasta ahora, sino que la situación no va dejar de empeorar. La estrategia de Veterano y Soberano de abandonar la categoría de brandy en la confianza de que no necesitan más apoyo que el de su propia marca, nos obliga ahora a los coleccionistas a inaugurar una nueva sección en nuestras colecciones de miniaturas que no es otra que la de “bebidas espirituosas antes conocidas como brandy”.

Desde el momento de la toma de esa obligación, la obligación moral de Osborne y González Byass es de distinguir que no se trata de brandy, sino que se trata de una bebida espirituosa, de 33 grados. En la miniatura de Veterano, Osborne si ha reemplazado la mención Brandy de Jerez Solera por la de bebida espirituosa, sin variar un ápice la etiqueta. Pero González Byass tan sólo ha eliminado la mención Brandy de Jerez Solera, sin reemplazarla por la de bebida espirituosa, no se si por falta de valentía o decoro.

Esto que podría haber tenido cierto pase en la miniatura, por su menor volumen de ventas, o el espacio más reducido de la etiqueta, ha ocurrido del mismo modo en formatos mayores. Además ninguna de las dos bodegas ha realizado ningún cambio de diseño en su etiqueta o ninguna campaña de comunicación especifica para anunciar el cambio de categoría.

Estas dos nuevas “bebidas espirituosas antes conocidas como brandy”, en principio, mantienen los mismos procesos de elaboración y añejamiento que el Brandy de Jerez, pero el sabor es más suave. Además el hecho de que estas marcas no estén ya bajo el amparo y supervisión del Consejo Regulador de la D. O. Brandy de Jerez, hace que ningún organismo controle que los procedimientos sean los tradicionales y reglamentados del marco de Jerez (sistema de criaderas y solera, en botas de 500 litros previamente envinadas con algún tipo de Vino de Jerez, en bodegas del marco de Jerez) o que incluso se pueda llegar a aberraciones y malas practicas como emplear alcoholes extraños para la elaboración de estas “bebidas espirituosas antes conocidas como brandy”.

Y si hablamos de malas prácticas nos encontramos ya con el primer ejemplo de “cosa rara”, aunque fuera del marco de Jerez. A final de la primavera de 2011, las destilerías mallorquinas Antonio Nadal, que se especializó en producir y suministrar los tipos de bebidas que demandan los guiris en las principales zonas costeras españolas, modificaron la etiqueta (y damos por supuesto que el contenido) de su brandy Napoleón, y pasó a denominarse Napoleón Old Oak Bebida Espirituosa, pero sin modificar la graduación de 36%.

En la foto dela izquierda podemos contemplar las dos versiones citadas.

Y es que para ser un Brandy, según la normativa europea y su correspondiente transposición española, hace falta una serie de requisitos, además de tener 36 grados, como son: envejecimiento de al menos 6 meses en barricas de roble, que las adicciones de destilados de vino no excedan el 50% en grado alcohólico del producto acabado, sin adicciones de alcoholes diluidos, sin adicciones de aromatizantes, sin adicciones de caramelos y algunos otros más.

Por lo que el Napoleón Old Oak de Antonio Nadal, aunque tenga 36 grados, debe de estar a años luz de parecerse a lo que legalmente es un brandy o una “bebida espirituosa anteriormente conocida como brandy”.

Tan sólo me queda desear que esta nueva categoría en nuestras colecciones no se complete con muchas miniaturas y que este fenómeno no se convierta en tendencia generalizada en el marco de Jerez y otras zonas de España, pero los vientos que soplan hacen presagiar que alguna bodega significativa de Jerez, que estaba expectante para ver como evolucionaba este experimento, se está planteando seguir este camino.

Manuel Viceira Vílchez

 

No está permitida la reproducción total o parcial de este artículo sin la autorización del autor

Scroll to Top