Recientemente, durante la visita de Rubén Cammarata, su mujer Pilar y mía a Sicilia, al Encuentro organizado por Giuseppe Savocca, y de cuyo evento ya escribí un breve artículo para el Club, tuve el enorme placer de conocer personalmente a David Maund y a su mujer Lynne.
Inmediatamente congeniamos gracias a que ambos compartíamos (aparte de nuestro entusiasmo por las minis) algo, cual era nuestra relación profesional con el mundo del seguro, él como Broker Lloyd’s en Southampton y yo como asegurador del Negocio de Transportes en una multinacional alemana.
Al día siguiente y ya durante la fase del “trading” tuve la oportunidad de adquirir varas piezas a muy buenos precios, no porque yo le cayera mas o menos simpático, sino simplemente porque era consciente de que de una u otra forma la crisis también nos afecta a nuestro colectivo, y porque Lynne le había dicho que no estaba dispuesta a volver a embalar todo lo que habían traído para el Encuentro. Para mí, aparte del interés de las piezas en cuestión, ahora tienen el valor añadido de su recuerdo.
Juntos también tuvimos la oportunidad de ver la colección de Giuseppe y de hacer unas risas y unas fotos todos juntos.
El mes de agosto comenzó para mí de forma nefasta, ya que el 9, sábado, fallecía mi madre en Elche y justo cuando estaba disfrutando de unas cortas vacaciones tras el luctuoso suceso, recibo un correo de mi buen amigo David Spaid, donde me daba cuenta de este, también repentino e inesperado fallecimiento.
Con él se va uno de los grandes coleccionistas ingleses, que a buen seguro estará en estos momentos charlando de su gran pasión con el bueno y entrañable Derman Villegas, allá donde se encuentren ambos.
Luis Campos Serna
UNA NOTA DE APRECIACIÓN
Justo antes de reírse, a David Maund le brillaban los ojos y se le sonrojaban las mejillas. Era imposible no reír en su compañía porque era un hombre encantador. Mi amigo, y el de tantos de vosotros, nos ha dejado y nos hemos quedado un poco huérfanos. Tras pasar cuatro semanas en el hospital en Southampton (Inglaterra), falleció el jueves 21 de agosto.
Conocí a David y a su familia (su mujer, Lynne, y sus dos hijos ya mayores, Simon y Karen) alrededor del año 1980. Como coleccionaba whisky escocés, David estaba tratando de que aprobaran sus botellitas conmemorativas de la Boda Real de 1981. Finalmente consiguió la aprobación pero no ocurrió lo mismo con el contrato con las tiendas libres de impuestos, así que David se convirtió en vendedor de sus propios licores. Tenía varios cientos de cajas de botellas que vender, cosa que hizo. Ahora es prácticamente imposible encontrar una.
Como conoció a tantos coleccionistas y vio cómo funcionaban los clubes aquí en los Estados Unidos, se convirtió en el primer y único Presidente del Club de Botellitas del Reino Unido, que ya va por su 35.º año. Todos sabemos lo mucho que se le echará de menos en él.
En sus viajes a los encuentros de botellitas de los Estados Unidos, una de las bromas constantes era que si David asistía, algo siempre saldría mal: se perdieron maletas llenas de botellitas, se desviaron aviones a Texas… Y luego está mi anécdota favorita, la del fiasco del carné de conducir del Reino Unido. Parece que los carnés ingleses no tienen foto, así que, ¿cómo puedes probar que eres quien dices que eres en los Estados Unidos cuando solo tienes tu carné porque tus pasaportes estaban en tu maleta, que acabó en otra ciudad? David podía salir airoso de las situaciones más peliagudas con su labia, lo que cierra el círculo y nos trae de nuevo a que nos hacía reír. Muchas de estas situaciones se debieron a un cúmulo de errores e incompetencia, pero todas se resolvieron felizmente.
Conocer a David enriqueció mi vida y, para mí, Inglaterra no será igual sin él.
David Spaid
