El arte de la restauración

Aunque tal vez habría que hablar de un arte menor, para mí, de una forma u otra, siempre será un arte. Normalmente me he considerado siempre un “manitas” si bien reconozco que fallo en lo fundamental, que es la PACIENCIA, con mayúsculas, y que es (la falta de ella) probablemente la responsable del 90% de mis fracasos, el resto del mérito, lo es de una cierta habilidad manual, del ingenio y de los “secretos” que maestros en este arte, como el también destacado coleccionista Alberto Puga, de Ferrol (España) me ha “pasado”, y quién a buen seguro escribirá algo más sobre la restauración, cubriendo aspectos, que en este artículo yo no voy a tocar, como es la recuperación de etiquetas muy antiguas y muy sucias.

En el caso que nos ocupa voy a tratar de la recuperación de una miniatura de scotch whisky THE GRAND MACNISH. Así me encontré la botellita cuando me llegó en un lote procedente de un intercambio.

Como se podrá observar, el precinto está completamente roto y descolorido, el whisky degradado y contaminado por la podredumbre del corcho (del que se puede observar un trozo en el líquido en la primera foto) y la etiqueta inferior rota. También se puede observar el tapón con una gota de pegamento tapando un agujero hecho para inyectar whisky con una jeringuilla y aguja intramuscular.

Lo primero que debemos hacer, es hacernos con el material necesario para este trabajo:

1) Un rollo de NESCOFILM o PARAFILM, que es un film extensible, que se utiliza en química para sellar los tapones de los botes que contienen líquidos para analizar, y así evitar la evaporación. Se puede adquirir en tiendas de suministros químicos, y probablemente nos durará toda la vida.

2) Un frasco de barniz para metales. Se distingue del resto de barnices por su secado rápido, imprescindible para que el NESCOFILM no se degrade al barnizarlo.

3) Pinceles de buena calidad.

4) Laca para uñas del color que necesitemos (existe un increíble surtido).

A continuación procederemos a sumergir la botella en un cazo con agua (que cubra la botella) y la calentamos hasta que las etiquetas se despeguen por si solas, sin forzar el despegado con cutters o herramientas similares, ya que se podría deteriorar la etiqueta. Si en algún caso la etiqueta no se despega, dejarla secar nuevamente, y una vez seca intentar despegarla aplicando calor con un secador y ayudando con mucho cuidado a su despegado con un cutter, aplicando la cuchilla de forma paralela a la etiqueta.

Una vez hayamos hecho lo que se ha explicado anteriormente nos encontraremos con el siguiente material que se ve en la foto de la derecha.

Como se puede observar, del tapón solo queda en un estado razonable la parte metálica (superior) ya que el corcho se ha perdido totalmente.

Lo primero que haremos, será cortar un trozo de corcho de cualquier tapón normal que tengamos por casa, y después, primero con un cutter le daremos la forma mas parecida  al tapón de la miniatura, y después con una lima pequeña (de hierro que es de grano mas fino) le vamos repasando hasta conseguir que quede redondo (un poco más grueso que el cuello interior de la botella, para que cuando lo metamos quede hermético). Luego lo pegaremos con pegamento de cianocrilato en gel, a la parte superior del tapón.

De esta forma, tendremos un tapón como se ve en la siguiente foto de la derecha:

A continuación procederemos a rellenar la botella con el whisky original (seguro que tenemos a algún amigo en un bar que tienen una botella y nos pueden dar o vender los 5 cl necesarios para rellenar la miniatura), y luego pondremos el tapón restaurado, lo que nos dejará una botella así:

Después empezaremos a cubrir la parte de tapón lateral y la parte del cuello de la botella que sea necesario con tiras de 7 a 9 mm de ancho de NESCOFILM, estirándolas mientras las enrollamos, con cuidado de no partirlas, hasta que consigamos que cubran el cuello como el precinto original.

Luego con un pincel procederemos a aplicar el barniz, muy escurrido y alargando mucho la mano (aprovechando mucho el barniz) para posibilitar un mas rápido secado y una menor posibilidad de degradación del NESCOFILM. Si aplicamos el barniz muy generosamente tardará en secar y el NESCOFILM se irá degradando y rajando antes que se seque el barniz.

Este paso es imprescindible, ya que de otra forma y si aplicamos pintura o laca sobre el NESCOFILM directamente, éste se degradará totalmente y habremos tirado nuestro trabajo a la basura. Terminado este proceso, la miniatura tendrá la apariencia que podemos contemplar en la foto que sigue a continuación.

Después procederemos a pintar el nuevo precinto. Para ello, daremos una primera mano de laca de uñas con un pincel, extendiéndola mucho, al igual que el barniz, para que seque mas rápidamente y no estropee el NESCOFILM barnizado.

Esta primera mano, quedará muy fea, ya que la laca no queda suficientemente densa como para apreciar el color con toda su intensidad, pero protegerá el trabajo para la siguiente mano. Una vez seca la primera mano, daremos una segunda, esperaremos que seque, daremos una tercera, y así hasta que consigamos el color y la densidad que queremos.

A continuación pegaremos las etiquetas que estén en buen estado y la rota, la recompondremos pegándola sobre un trozo de papel del color de fondo de la etiqueta original y recortando el sobrante.

La parte añadida se dibujará con ayuda de una lupa  y bolígrafos de colores del tipo “rotring” a ser posible de punta de 0,4 mm. Se escribirán las letras faltantes y repasarán las líneas negras, rojas o de cualquier otro color, siempre con la ayuda de una lupa con peana o soporte para poder utilizar las dos manos (en este caso, se ha rotulado también el precinto).

Las etiquetas, antes de ser pegadas, pueden ser protegidas mediante la aplicación de un barniz satinado en spray, ya que ayudan a los viejos y gastados colores, a la par de protegerlas del desgaste.

Si seguimos estos pasos, dedicamos al proyecto el tiempo necesario y nos aplicamos con cariño, habremos conseguido recuperar una vieja botella, que además nos animará a meternos con otras mas complejas de restaurar poco a poco, ya que será de la única manera que conseguiremos tener algunas piezas, que de otra forma no obtendríamos nunca.

La primera no quedará perfecta, pero la segunda quedará mejor y así sucesivamente.

¡Suerte y a por ellas!

Por cierto, esta botella quedó finalmente así:

Y se la obsequié a un coleccionista desconocido de España, que me había comprado por internet algunas “repes”.

Luis Campos Serna
16 de junio de 2007

 

Nota: No está permitida la reproducción total o parcial del artículo sin el consentimiento del autor y del CECBL.

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